miércoles, 16 de mayo de 2012

La Crítica #2: Historia de una escalera

Antes de empezar a hablaros de esta obra que rescaté de entre la mugre abrumadora de mi casa del pueblo, tengo que admitir que apenas he leído teatro. Yo soy muy fiel a la narrativa, y la poesía y el teatro los toco más bien poco -aunque no me puedo resistir a autores como Antonio Machado o Dámaso Alonso, he de confesarlo-. Historia de una escalera es de los poquísimos teatros que he decidido leer por voluntad propia y no por imposición de mis profesores de Literatura. Me lo recomendó mi hermana en uno de esos vacíos literarios en los que no sabes qué libro coger para que te llene o te aporte algo diferente a lo de siempre; me hizo una lista, me quedé con algunos títulos y poco a poco van llegando a mis manos y siendo leídos -entre ellos, Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender, que lo he comprado hace poquísimo, pero eso es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión-. Como os digo, en un viaje de exploración a las entrañas de mi casa del pueblo, he conseguido rescatar este título junto a otros de Lorca, Galdós y demás autores célebres, y como no tenía mis libros a mano, decidí empezarlo a ver qué me deparaba.

Historia de una escalera es una novela muy representativa de la sociedad española de la posguerra. Recibió el Premio Lope de Vega en 1949 y es un magnífico análisis que, si bien es de una época ya pasada, podría ser perfectamente aplicable a la sociedad de nuestros días -con muchos cambios, claro, pero manteniendo la esencia-. Aunque no es una obra lacrimógena o dura, esconde entre sus páginas un criticismo social propio de una parte de la creación literaria de Antonio Buero Vallejo, constituyendo una de las obras teatrales más importantes de su época.

En apariencia, Historia de una escalera es el relato de un edificio donde se entrelazan las vidas de las diferentes familias que lo residen. Es la típica obra que nos mandan en el instituto y leemos sin más, atropelladamente, el día de antes del examen y si no se le presta atención, puede dejar mucho que desear. Pero es que lo impactante de la obra no está en la historia y, como muchas de las grandes, es necesario leer entre líneas para apreciarla en su totalidad. Si contamos con un conocimiento más o menos sólido del período de la posguerra española y tenemos conciencia de las circunstancias, nos encontramos ante un claro reflejo de los problemas sociales que acuciaban a la población. Se puede apreciar en Historia de una escalera un enorme deseo de prosperar, y cómo las frustraciones se suceden una tras otra, cómo los individuos anhelan llegar alto y las circunstancias sociales se lo impiden. Es el trasfondo, y no la historia en sí misma ni ninguna escena de las que la componen, lo que hace de Historia de una escalera un relato dramático y no una simple obra teatral que disfrutar.

Por otro lado, este libro de Buero Vallejo no se detiene sólo en temas relacionados con la sociedad de la época. También habla de algo más trascendental, algo que, suceda lo que suceda y nos encontremos en un año o en otro, ha perturbado al ser humano desde que comenzó a tener conciencia de sí mismo: el paso del tiempo. En la obra transcurren un total de treinta años, y vemos cómo los personajes cambian, igual que sus aspiraciones, cómo la gente que habita el edificio va variando pero la escalera sigue siempre igual. Este hecho es muy simbólico, muy representativo: el mundo sigue aunque el tiempo nos afecte.

Enlazando con lo que he comentado antes, no ha podido dejar de resultarme aún mejor obra cuando me he parado a pensar. Casualidad o no, Historia de una escalera refleja una situación que, aunque haya pasado el tiempo, aún persiste. Aún siguen atormentándonos las frustraciones de intentar ascender y no lograrlo. Aún continúan los anhelos de prosperidad en la juventud y el agotamiento adulto de los que soñaron en el pasado y se dieron de forma abrupta con la realidad. Aún se mantiene el miedo, cada vez más agudo cuanto más avanza científica y socialmente nuestra sociedad, al paso del tiempo, a envejecer, a cómo es capaz el paso de los años de desgastarnos. No deja de ser metafórico que se mantengan las frustraciones y los miedos en la sociedad de hoy, más de sesenta años después, al igual que la escalera se mantiene durante el transcurso de la obra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada