domingo, 18 de noviembre de 2012

Delirios #2: Gracias a todo

Hay días de domingo en los que, con mil cosas que hacer, no tienes otra opción más entretenida que ponerte a pensar, a recordar y a analizar circunstancias. Y, aunque siempre me propongo hacerlo, pocas veces escribo lo que siento, a pesar de que el fluir de las letras en el teclado sea un perfecto tranquilizante. Hoy, día de reclusión, decido ponerme a ello.

El delirio de esta tarde de domingo es en agradecimiento. Gracias a todas esas personas que me han hecho la vida más fácil en cualquier momento. Gracias a esos que me escuchan, que me hablan, que me calman, que me enojan; también gracias a los que simplemente me sonríen; al dependiente simpático que contesta con un "de nada, guapa"; al vecino que nunca deja de saludarme; a la madre que está incansablemente, contra viento y marea, velando por lo que ama. A la niña que interrumpe una sencilla cena en compañía con una risa clara y un gesto con su manita; a la persona frente a mí que con una mirada hace que me eleve a las nubes. A los hermanos que me rodean y cuidan de mí, a los de sangre y a los de sentimiento. A quien es capaz de decir por mí lo que soy incapaz de expresar. A los amigos, y las amigas, que o me sujetan cuando lloro o me sacan una sonrisa.

También gracias a los que jamás me borrarían. Gracias a los amigos abandonados, pero de ningún modo olvidados, que guardan una porción de memoria para mí, para los momentos vividos o para ponerse en contacto conmigo y hablar de todo y de nada.

Y, aunque sea inusual, gracias a los momentos en los que he sufrido o, lo que es lo mismo, que me han enseñado sin querer.

Mi vida es preciosa gracias a todo el que ha pasado por ella o sólo la ha rozado. No quisiera que nadie se fuera de este mundo sin saber que le agradezco cualquier gesto, palabra, acción. Porque todos habéis hecho que mi situación sea ahora la que es y, por ello, soy feliz.

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